Con bastante frecuencia se tiende a comparar a deportistas de distintas épocas intentando determinar cual de ellos sería mejor si hipotéticamente pudieran llegar a enfrentarse.
Hace unos días tuve un sueño.
Novak Djokovic y Rafa Nadal disputaban una final del Open de Australia. El partido se convertía en la final más larga de la historia en torneos del Grand Slam. Pleno de emoción y alternativas. Derroche físico extremo. Una batalla épica. Inhumana. Juego eléctrico, milimétrico, de PlayStation. Perfecto.
Me desperté.







