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viernes, 25 de septiembre de 2026

* Salvar la vida de otros antes que el oro olímpico

Larry Lemieux nace el 12 de noviembre de 1955 en Edmonton (Canadá).
A los cinco años comienza a navegar junto a sus hermanos mayores en el lago Acapulco, situado al oeste de la ciudad y empieza a soñar con una quimera, triunfar algún día en unos Juegos Olímpicos. Pero su fantasía no es muy compatible con su economía a la hora de poder adquirir un velero competitivo.
Tras los Juegos de Montreal '76, consigue que el gobierno canadiense le conceda uno de los cincuenta barcos que había proporcionado a sus regatistas para aquel evento y que una vez finalizado no sabía qué hacer con ellos.
Desde ese instante, participa en diversas competiciones nacionales e internacionales consiguiendo en 1980 la medalla de bronce en el Campeonato del Mundo de la clase Finn disputado en Auckland (Nueva Zelanda) y se clasifica para representar a su país en los Juegos Olímpicos de Moscú. 
El boicot de un buen número de países, entre ellos Canadá, como protesta a la invasión soviética en Afganistán le priva de asistir, por lo que debe esperar cuatro años más para una nueva oportunidad
En Los Ángeles '84 alcanza su anhelo de competir por vez primera en unos Juegos, finalizando en decimotercera posición de la clase Star. 
Su siguiente oportunidad acontece en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, siendo en la capital asiática donde su nombre adquiere auténtica dimensión.
El 24 de septiembre de 1988 se disputa en Pusan, a 325 kilómetros de Seúl, la quinta regata olímpica de la clase Finn, modalidad que consta de un solo tripulante. Simultáneamente se celebra la prueba correspondiente a la clase 470 con dos miembros por embarcación. El tiempo es ideal, con un viento de 10 a 15 nudos. 
Mediada la sesión, las condiciones cambian bruscamente. La velocidad del viento aumenta hasta los 35 nudos dificultando la navegación, a pesar de lo cual no se suspende la competición.
Lemieux marcha en segunda posición tras el español José Luis Doreste, tiene serias opciones de medalla e incluso se puede plantear aspirar al oro. 
En ese momento divisa a lo lejos, entre las olas, a los dos tripulantes de la clase 470 de Singapur que tienen el velero roto, parecen heridos, no pueden salir del agua, se encuentran a 32 kilómetros de distancia de la costa y no hay cerca ningún barco de rescate de la organización. 
Su situación es desesperada.
Se le plantea un dilema, intentar luchar por el sueño de toda su vida de alcanzar una medalla olímpica o tratar de salvar a Joseph Chan y Shaw Her Siew que pueden morir ahogados.
Lemieux cambia el rumbo de su embarcación, se aleja de la regata y se dirige hacia el velero que ha naufragado. 
Las olas de más de cuatro metros y la corriente que va en contra del viento le dificultan la maniobra. Tiene que surcar en empopada y recibir mucha agua del oleaje hasta conseguir llegar a la altura de Siew, que se aferra angustiado y exhausto a la orza, mientras Chan intenta nadar con todas sus fuerzas para asirse a ella, siendo alejado cada vez más por el temporal.
Necesita de todas sus habilidades de navegación para conseguir subirle a bordo de su propia embarcación, pero al estar diseñada para un solo tripulante no podrán estar mucho tiempo sin hundirse.
Le lleva hasta su compañero para que juntos puedan permanecer flotando y no se aleja de allí para ser un punto visible hasta que llegue un equipo de rescate.
Tras salvarles la vida regresa a la carrera finalizando en el vigesimosegundo y último lugar.
Los jueces deciden compensarle y le restituyen al segundo puesto que mantenía cuando se desvió de la prueba. Sin embargo, el agotamiento que le supuso la tarea de socorro y el acoso mediático al que se ve sometido por la prensa tras lo sucedido, le impide rendir a su mejor nivel en los dos últimas regatas, ocupando la decimoprimera posición final.
Tenía cerca la aspiración de todo deportista de conseguir el éxito en unos Juegos Olímpicos pero lo sacrificó por salvar la vida de dos competidores.
En la ceremonia de entrega de medallas, tras recibir sus galardones los tres primeros clasificados, Larry Lemieux es llamado al podio.
El Presidente del Comité Olímpico Internacional Juan Antonio Samaranch se encuentra allí para condecorarle con la Medalla Pierre de Coubertain, que es el mayor honor y distinción que se puede recibir en el olimpismo. Por su espíritu deportivo, sacrificio personal y coraje, encarnando las mejores virtudes del ideal olímpico.
Dicho reconocimiento sólo se había concedido hasta ese momento en cinco ocasiones, siendo la segunda vez que se le otorga a un participante.
De regreso a su país, se le da un caluroso recibimiento siendo incluido en el Salón de la Fama del deporte canadiense.
Posteriormente Larry Lemieux sigue navegando hasta conseguir en 1990 la medalla del plata en el Campeonato del Mundo de la clase Finn que se celebra en Porto Carras (Grecia) y un año más tarde el oro en los Juegos Panamericanos disputados en La Habana (Cuba).